Come… y consigue ser feliz.

Adriana Ortemberg, autora del libro “La cocina de la felicidad”, refiere que una buena alimentación permite un equilibrio óptimo entre lo espiritual, emocional y corporal. Al respecto, Andres Humbser, naturólogo y especialista en medicina ayurvédica, señala que los alimentos influyen en nuestros centros de energías (chakras) y por ende, en nuestra conciencia, emociones y pensamiento. 
Por ejemplo, según explica Humbser, el consumo de frutas en general influye en el cuarto chakra (vinculado al corazón, al amor y la empatía).. Las nueces, la linaza y el sacha inchi contienen ácidos grasos esenciales (omegas 3, 6  y 9), capaces de generar neurotransmisores que mejoran el estado anímico. Estos alimentos se indican en estado de depresión.
Por su parte, el cacao activa el cuarto, quinto (relacionado a la expresión artística y verbal) y sexto chakra (inteligencia y visión interior). Según Humbser, se debe consumir las semillas de cacao, pues son antidepresivas al contener magnesio, serotonina y anandamida. Estos dos últimos compuestos general sensación de bienestar y felicidad. Las semillas de cacao se pueden licuar con leche de coco o jugos. La quinua negra se recomienda para la depresión y el nerviosismo ya que contiene litio. Además tiene lisina, que estimula las células cerebrales.
El aceite de coco tranquiliza la mente y las emociones. Humbser también recomienda el consumo de palillo o cúrcuma como condimento o en extractos porque da pureza mental y limpia los canales energéticos del cuerpo. El tulsi, una planta aromática parecida a la albahaca y que se puede consumir en té, es otro  alimento que no nos debe faltar, pues aporta claridad mental y bondad.

Fuente: Mi hogar- Diario El Comercio

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Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor del fuego

Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de “veníte el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.
El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.
Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.
Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.
Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.
Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.
Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.
Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.

Fuente: Simone Seija Paseyro  Uruguaya – 45 años

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Mobbing

Cuando se pregunta a las personas qué es lo más importante para mantenerse en su trabajo, la mayoría pondrá en primer lugar el buen clima laboral. Es decir, un ambiente de trabajo agradable, con colegas cordiales y vínculos satisfactorios con ellos. Este aspecto se privilegia incluso sobre un buen sueldo, ya que un ambiente laboral hostil, donde hay problemas permanentemente, incrementará el estrés del trabajador, afectará su motivación y desempeño. Una situación extrema ocurre con el “mobbing” o acoso laboral. 
Este se caracteriza por la violencia psicológica que ejercen sistemáticamente una o varias personas sobre otra en el lugar de trabajo. Algunas conductas características de esta situación son: agresiones verbales, difusión de rumores o cuestionamientos constantes al profesionalismo del trabajador. Todo ello va minando la estabilidad emocional de la persona y podría desencadenar una serie de enfermedades físicas y psicológicas. ¿Qué hacer? Lo óptimo sería intentar resolver el problema con la persona en cuestión y, si no es posible, comunicar lo que sucede a alguien adecuado en el trabajo para que intervenga de mediador. Sin embargo, muchas veces las víctimas no denuncian el acoso pues temen perder el empleo.
Evalúe cuidadosamente la situación, pues continuar trabajando en esas circunstancias puede poner en serio riesgo su salud y costarle más caro.

Fuente: Adhara Ampuero – Mi Hogar Diario El Comercio.

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Perú Trabajo

En Perú un 48% labora más de 9 horas

 Sondeo realizado en 85 países revela también que un 32% de empleados de nuestro país se lleva trabajo a casa más de tres veces a la semana.
Un 7% de peruanos trabaja más de 11 horas diarias, según empresa Regus.
Un 48% de los trabajadores peruanos labora entre 9 y 11 horas diarias, mientras que en el resto del mundo la cifra en esa categoría alcanza un 38%, según una encuesta global de la empresa Regus.
El sondeo reveló también que un 7% de los peruanos trabaja más de 11 horas diarias. Asimismo, un 32% de los empleados de nuestro país se lleva trabajo a casa más de tres veces a la semana para terminarlo en la noche, frente a un 43% del resto del mundo.
El estudio, que se elaboró con la opinión de más de 12 mil personas en 85 países, afirma que los que trabajan a distancia son más propensas a laborar 11 horas diarias (14%) que los trabajadores en oficina (6%).
“El estudio deja al descubierto una clara confusión en el centro de labores y el hogar. Los efectos a largo plazo de este exceso de trabajo podrían dañar tanto la salud de los trabajadores como su productividad general, ya que las personas se presionan demasiado y esto los lleva al descontento, la depresión o incluso enfermedades físicas”, señala Ana María Castro, directora de Regus para la región norte de Latinoamérica.

Fuente: Actualidad – Diario Perú21

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¿Qué es lo bueno de lo malo?

“Resulta, desde todo punto de vista, monstruosa la forma en que la gente va por ahí hoy en día criticándote a tus espaldas por cosas que son absoluta y completamente ciertas”
Sí, pues. Debo reconocer, una vez más, la espinosa perspicacia e ironía de Oscar Wilde. Porque uno va por el mundo defendiéndose a capa y espada de las murmuraciones de los demás acerca de uno mismo, aduciendo en el mejor de los casos que son falsas impresiones que se tienen de nosotros. Pero, al final del día, cuando nos miramos al espejo, descubrimos que muchas veces el rumor puede ser cierto. Y  que es probable que aquello que ven los otros suele ser lo que no queremos ver de nosotros mismos.
Pero  siempre aduciremos, en defensa propia, que tal persona no nos quiere bien, que quizás se trata de alguien que nos envidia o que hay gente que no tiene nada mejor que hacer que mirar la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.
Es cierto que mucha gente se alimenta de eso. Pero también lo es el hecho de saber que no es lo mismo que ocurre con las lejanas estrellas de Hollywood, sobre las cuales uno se imagina cosas debido a los tabloides amarillistas que viven de inventar mentiras o fantasías; o de la percepción de algún crítico sobre el personaje de una obra de ficción. Estas son opiniones de personas que interactúan con nosotros día a día, y que perciben cosas que, debido a nuestro narcisismo, no advertimos porque estamos demasiado ensimismados administrando la apreciación ideal que otros tiene sobre nuestra humanidad.
Dudas existenciales
En su relación con el prójimo, las personas generalmente buscan imponer su voluntad, su proyecto. Por eso, las relaciones, tanto de amor como de odio, siempre son conflictivas.
Sartre decía que amar es intentar dominar la voluntad del otro, mientras que odiar es reconocer esa libertad como opuesta a la propia. Por algo, el escritor concluyó que “el infierno son los demás”
En este primer día del año, más que empeñarme en hacer el balance general de todo lo que hice o de lo que supongo que me espera, prestaré mayor atención a lo que considero podría ser lo bueno de lo malo. Es decir, aceptar que lo malo existe como contrapeso del bien y hay que saber mirarlo a la cara.
Mi propósito para este año podría ser darle algo de crédito a la mirada de los demás. No, a la de todos, naturalmente, pues haya personas que nacieron con el hígado encebollado y cuya valoración debería importarnos un apio partido por la mitad, ya que solo transmiten mala vibra gratuitamente.
Pero a aquellos cuya visión respetamos, al menos hay que darles el beneficio de la duda, aunque digerir el comentario ajeno nos deje un sabor agridulce en la boca.

¡Feliz Año Nuevo!

Fuente: Columna “Hable con ella” de Marcela Robles-Diario El Comercio.

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