La socióloga británica Catherine Hakim se decidió a escribir no un libro sino una provocación. La experta en políticas sociales y autora de varios libros sobre la condición de la mujer debe haberse dicho a sí misma: quiero crear polémica. Porque eso es precisamente lo que ha logrado con la publicación reciente en España de “Capital erótico. El poder de fascinar a los demás”. Y tanto hombres como mujeres ya empezaron a hablar acaloradamente sobre el tema, a favor o en contra. 
La teoría expresada en su obra es la siguiente: “Además de los capitales social, humano y económico, existe el erótico: una mezcla de belleza, atractivo sexual, vitalidad, saber vestirse bien, encanto y don de gentes.
A más capital erótico, más resultados en la vida. Por lo que las mujeres, sobre todo -aunque los hombres también- deberían mejorar su apariencia y aprovechar a fondo su atractivo para obtener lo que se propongan”.
Bueno, no es que esté descubriendo la pólvora ni mucho menos. Basta con hojear cualquier revista de moda para constatar que los ‘tips’ que contienen nos indican que esa es la dirección por seguir. Pero una cosa es leerlo en una revista mientras uno está en la peluquería y otra es digerir el contenido en un libro sesudo respaldado por datos y estadísticas, reflexiones e investigaciones rigurosas sobre el asunto.
“No se trata de acostarte con cualquiera”, ha afirmado Hakim echándole gasolina al fuego, “sino de tener atractivo y usarlo para tus propios fines sin avergonzarte”. Para la autora, un claro ejemplo son Christine Lagarde (la directora gerenta del FMI), Madonna, la actriz Victoria Abril y el presidente Obama, por mencionar a algunos poseedores de capitales eróticos bien administrados.
Esta profesora de la London School of Economics ha recibido ya algunas sonrisitas de complicidad y muchas trompadas por escrito que la acusan de machismo recalcitrante. Pero ella, inmutable, dice que el capital erótico es genético en un 50%, y que el resto depende de los esfuerzos de cada uno. Y que a los guapos y las guapas les sonríe el mundo.
Como cereza sobre la torta, Hakim sostiene (con cifras y estudios serios en mano) que las políticas de igualdad no deberían beneficiar a ninguno de los dos géneros. “Los hombres tienen derecho a competir con las mujeres en igualdad de condiciones, sin discriminación positiva”, asegura. Porque esto logró mejorar la vida laboral de las mujeres al principio, pero hoy en día es cada vez menos así.
La investigadora concluye que es erróneo pensar que hombres y mujeres tienen la misma idea de la vida y el mismo interés por trabajar a tiempo completo. Para un 20% de las féminas, su carrera es la prioridad absoluta. Pero la mayoría de ellas quiere mantener un equilibrio entre su trabajo y su vida familiar y no quiere ni un puesto directivo ni un empleo ‘full time’. Y una minoría ni siquiera quiere trabajar. ¿Usted, qué opina?
Fuente: Marcala Robles-Hable con Ella-Diario El Comercio
