El tiempo de la barbarie

Lo dijo César Vallejo en 1918. “Serán tal vez los potros de los bárbaros atilas, o los heraldos negros que nos manda la muerte”.  Después  se han seguido diciendo cosas en infinidad de lenguajes y los potros han seguido ganando terreno sin enarbolar banderas blancas ni pedir permiso para cruzar fronteras. Son las invasiones bárbaras que han acampado en diversos territorios para producir un mestizaje cultural que se podría resumir escuetamente: el mundo moderno solía ser de cierta manera, las madres les leían cuentos a sus hijos y les cantaban canciones de cuna antes de dormir, el tiempo transcurría lento y las personas se preocupaban más por la sensibilidad, el conocimiento y los misterios del ser.
Hoy, vivimos en la superficie con tanques de oxígeno y protector solar. Sobrevolamos espacios ocupados por Internet y la mayoría opta por tener un millón de amigos como en la canción de Roberto Carlos. Solo que en este caso suelen ser imaginarios. Son las “caídas hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema”, de las que hablaba nuestro poeta peruano en “Los Heraldos negros”
Pero esta no es una guerra entre lo que fuimos y lo que seremos, porque somos mutantes de un proceso que nos viene afectando y transformando de una u otra manera. Cada cual sabrá cómo afrontarlo. No se trata de formar parte de la resistencia, sino de estar alertas a los procesos de cambio y utilizarlos en la medida en que nos puedan ayudar en el desarrollo personal y colectivo.
Esta es, a mano alzada –sumada a mis reflexiones-, la propuesta del escritor italiano Alessando Baricco (“Seda”, “Océano mar”) en su libro “Los bárbaros. Ensayos sobre la mutación” (traducido al español por Anagrama, 2008) En él plantea el diálogo entre el centro de poder y la periferia desde diversos puntos de vista tan disímiles como la música clásica, la cultura editorial, los vinos y el fútbol. Imagine qué buen panorama desde el puente.
Sobre su obra, Baricco ha manifestado: “La influencia de la cultura norteamericana y sus diversos modelos culturales es muy fuerte, pero este es nuestro tiempo, así que no hay que tener miedo.. la gente ama todavía el sentido de la vida, las pasiones, solo que están buscándolo de una manera distinta. No hay que peder la calma, hay que ver lo que hay de bueno y fuerte en todo lo que está sucediendo. Hay millones de cosas que están pasando que son mejores que lo que pasaba antes. El libro trata de explicar que no hay que tener miedo de los bárbaros, que todos somos bárbaros, que es una mutación que ha afectado a todos, pero que nos ayudará a sobrevivir. No es una mutación que nos matará”. Así sea.

Fuente: Hable con ella, de Marcela Robles-Mi Hogar-Diario El Comercio.

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Aprenda a gestionar emociones

 

Gestión es el conjunto de trámites que se llevan a cabo para resolver un asunto (trámite, administración). Emoción es el inicio de un movimiento, una energía neutra puesta en movimiento teñida por nuestra percepción. Gestionar las emociones tendría que ver con administrar la misión que trae la energía que hemos puesto en movimiento con nuestra percepción o creencia respecto al mundo, conscientes o inconscientes.
Una emoción, desde el coaching, es considerada un impulso que nos lleva a la acción, según sea la emoción podemos determinar la necesidad mental.
Atender conscientemente esta necesidad o reinterpretarla puede hacer cambiar el giro de la acción. Si no la satisfacemos o no entendemos el mensaje, el cuerpo se encargará de dar una segunda señal llamada “enfermedad”. Estar en contacto con nuestras emociones y ser consciente de sus señales nos  hace capaces de modular (gerenciar) nuestra conducta.
Emociones básicas como alegría o miedo indican lo que se ve o se piensa.

Fuente: Mónica Castañeda –Docente de Coaching de la PUCP

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Cambiar sueldo por felicidad

Especialista en psicología positiva revela que para el empleado de hoy la estabilidad emocional se antepone a la suma de dinero que percibe.
Los tiempos cambiaron y los empleados  no se conforman con un buen sueldo. Hoy son capaces de renunciar a un mejor salario, en busca de un trabajo que los motive. Tal Ben Shahar, referente en el estudio de la pirología positiva y profesor de Harvard, explica las ventajas de esta tendencia en las empresas.
En el ámbito laboral, los adultos pasan la mayor parte de su tiempo de vigilia y hay una tendencia cada vez mayor a buscar la felicidad a través del trabajo. Esta meta está lejos de alcanzarse en Latinoamérica. De acuerdo a un sondeo efectuado entre 3,100 usuarios del portal web Trabajando.com, el 82% de los encuestados  no está conforme con su empleo, y solo el 18% considera que su trabajo actual lo hace feliz.
El dato no es menor si se considera que la felicidad es hoy un factor clave para el éxito de los negocios. “Para alcanzar mejores resultados, la única vía es elevar los niveles de felicidad en el trabajo” Ben Shahar revela que “fracasar es necesario para el éxito. Hoy las escuelas y compañías no permiten el fracaso. Pero estoy convencido de que es preciso aprender a fracasar, y fracasar para poder aprender”, disparó Shahar.
Para el hoy profesor de Harvard, uno de los cambios trascendentales de las últimas décadas es que “el trabajo dejó de ser un lugar de sacrificio  y postergación, para pasar a ser un lugar donde la felicidad es posible”.
Buscan ser felices
Shahar cita una investigación que se realizó entre voluntarios a los que se dividió en dos grupos durante tres meses. Al primero de ellos se le pagó dos salarios mínimos por permanecer sin trabajar y al segundo grupo de le pagó lo mismo, pero asignándoles distintas  tareas a cambio del salario. Si bien al principio todos los participantes se manifestaron  conformes, al cabo de un tiempo, los del primer grupo sintieron síntomas de depresión e inconformidad. “Trabajar nos hace sentir útiles y esto es necesario para nuestra felicidad. Aun trabajar duro nos hace felices, siempre que ese trabajo nos motive y no caigamos en la rutina, pues si el empleado no conversa con sus pares, ni pasa tiempo con su familia solo sumará estrés”, opinó.

Fuente: Diario Gestión. Red Iberoamericana de Prensa Económica-La República de Colombia.

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Come… y consigue ser feliz.

Adriana Ortemberg, autora del libro “La cocina de la felicidad”, refiere que una buena alimentación permite un equilibrio óptimo entre lo espiritual, emocional y corporal. Al respecto, Andres Humbser, naturólogo y especialista en medicina ayurvédica, señala que los alimentos influyen en nuestros centros de energías (chakras) y por ende, en nuestra conciencia, emociones y pensamiento. 
Por ejemplo, según explica Humbser, el consumo de frutas en general influye en el cuarto chakra (vinculado al corazón, al amor y la empatía).. Las nueces, la linaza y el sacha inchi contienen ácidos grasos esenciales (omegas 3, 6  y 9), capaces de generar neurotransmisores que mejoran el estado anímico. Estos alimentos se indican en estado de depresión.
Por su parte, el cacao activa el cuarto, quinto (relacionado a la expresión artística y verbal) y sexto chakra (inteligencia y visión interior). Según Humbser, se debe consumir las semillas de cacao, pues son antidepresivas al contener magnesio, serotonina y anandamida. Estos dos últimos compuestos general sensación de bienestar y felicidad. Las semillas de cacao se pueden licuar con leche de coco o jugos. La quinua negra se recomienda para la depresión y el nerviosismo ya que contiene litio. Además tiene lisina, que estimula las células cerebrales.
El aceite de coco tranquiliza la mente y las emociones. Humbser también recomienda el consumo de palillo o cúrcuma como condimento o en extractos porque da pureza mental y limpia los canales energéticos del cuerpo. El tulsi, una planta aromática parecida a la albahaca y que se puede consumir en té, es otro  alimento que no nos debe faltar, pues aporta claridad mental y bondad.

Fuente: Mi hogar- Diario El Comercio

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Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor del fuego

Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de “veníte el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.
El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.
Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.
Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.
Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.
Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.
Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.
Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.

Fuente: Simone Seija Paseyro  Uruguaya – 45 años

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